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Significado
La ilusión como prisión de la felicidad
Cortázar cuestiona una creencia profundamente arraigada: que la felicidad es apenas un espejismo, algo ilusorio que perseguimos sin nunca alcanzar. Su pregunta confronta la resignación que lleva a las personas a desconfianza de la propia alegría, a sospechar de los momentos satisfactorios como si fueran engaños pasajeros. El escritor argentino sugiere que hemos naturalizado una visión pesimista donde la verdadera dicha queda relegada a la categoría de lo imposible, lo inalcanzable. Esta actitud genera un círculo vicioso: si la felicidad es una ilusión, ¿por qué esforzarse en buscarla?
Implicaciones prácticas
La provocación cortazariana apunta a un problema existencial concreto. Al creer que la felicidad pertenece al reino de la fantasía, renunciamos a construirla en la realidad presente. No se trata de ingenuidad optimista, sino de reconocer que los momentos de plenitud, aunque frágiles y cotidianos, poseen legitimidad propia. El escritor urge a abandonar la culpa anticipada que nos impide disfrutar genuinamente. La pregunta, con su tono cansado, busca despertar una acción: dejar de diferir la vida hacia un futuro inexistente y habitar con autenticidad el ahora.
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“Vení a dormir conmigo: no haremos el amor, él nos hará.”
“Nada está perdido si se tiene el valor de proclamar que todo está perdido y hay que empezar de nuevo.”
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“Las costumbres, Andrée, son formas concretas del ritmo, son la cuota del ritmo que nos ayuda a vivir.”
“La esperanza le pertenece a la vida, es la vida misma defendiéndose.”