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Significado
La paradoja de lo cotidiano
Gaarder, filósofo noruego conocido por sus reflexiones existenciales, señala una contradicción incómoda: el hecho de existir es un fenómeno asombroso, casi milagroso, y sin embargo los seres humanos tendemos a normalizarlo rápidamente. La vida, con toda su complejidad y rareza, se convierte en rutina. Desayunamos, trabajamos, dormimos sin detenernos a considerar lo improbable de nuestra presencia en el universo. Esta habituación es simultaneamente nuestro mecanismo de supervivencia y nuestra mayor pérdida.
Las consecuencias de la aceptación
La tristeza que identifica Gaarder radica precisamente en esta anestesia emocional. Necesitamos acostumbrarnos para funcionar y no caer en parálisis existencial; pero ese mismo proceso nos roba la capacidad de asombro. Pasamos la vida ciegos a nuestro propio milagro. Los niños, antes de habituarse, mantienen esa curiosidad infantil. La pregunta incómoda emerge entonces: ¿qué perdemos cuando dejamos de cuestionarnos por qué estamos aquí?
Una invitación velada
Aunque melancólica, la reflexión contiene un llamado silencioso. Recordar ocasionalmente esa extraordinariedad dormida dentro de lo ordinario no requiere abandonar la vida práctica, pero sí exige pausas deliberadas, momentos donde permitamos que lo familiar se vuelva extraño nuevamente.
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“El ser humano no vive sólo de pan. Necesitamos amor y cuidados, y encontrar una respuesta a quiénes somos y por qué vivimos.”
“La ociosidad es la madre de todos los vicios.”
“Al ser humano le parece tan extraño existir que las preguntas filosóficas surgen por sí solas.”
“No se debe excluir ninguna posibilidad. Pero hay que dudar de todo.”