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Significado
El asombro como origen del pensamiento
Gaarder sugiere que la filosofía brota naturalmente cuando los humanos toman conciencia de lo improbable de su propia existencia. No es necesario un esfuerzo deliberado para preguntarse por el sentido de la vida o la naturaleza de la realidad. Esa perplejidad fundamental ante el hecho de existir genera automáticamente cuestionamientos profundos. El autor noruego identifica aquí algo crucial: la filosofía no es un lujo intelectual, sino una respuesta inevitable ante la extrañeza radical de estar vivo.
Implicaciones para el pensamiento cotidiano
Esta perspectiva revela que todos compartimos una capacidad filosófica básica. Cualquier persona que se detenga a contemplar su propia existencia experimenta ese vértigo del que habla Gaarder. Las preguntas sobre quiénes somos o por qué existimos no requieren formación académica; emergen de la experiencia humana común. El contexto de esta reflexión probablemente se remonta a los presocráticos, especialmente a Platón, quien planteaba que el asombro es el comienzo de la sabiduría.
Relevancia contemporánea
En un mundo acelerado donde la rutina sofoca el cuestionamiento, esta idea cobra importancia. Recuperar esa capacidad de extrañamiento ante lo cotidiano permite acceder a dimensiones más profundas de la existencia, impulsando tanto la búsqueda personal como el pensamiento crítico.
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“El ser humano no vive sólo de pan. Necesitamos amor y cuidados, y encontrar una respuesta a quiénes somos y por qué vivimos.”
“La ociosidad es la madre de todos los vicios.”
“Que terriblemente triste es que las personas están hechas de tal forma que se acostumbran a algo tan extraordinario como la vida.”
“No se debe excluir ninguna posibilidad. Pero hay que dudar de todo.”