“El acto cotidiano de escribir sigue siendo tan exigente y frustrante como antes, y el placer que se obtiene de escribir —raro pero profundo— permanece en el verdadero corazón de la tarea. En sus mejores días, los escritores de todo el mundo ganan premios Pulitzer, solos en sus estudios, sin que nadie los vea.”
Jeffrey Eugenides es un novelista estadounidense de ascendencia griega, formado en Brown y Stanford; vive en Princeton, está casado con la artista Karen Yamauchi y pasó varios años residiendo en Berlín.
1960
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Significado
Sobre la tensión del oficio
Eugenides destaca la doble cara de escribir: por un lado la fatiga cotidiana, la exigencia y la frustración que acompañan cada página; por otro, un gozo escaso pero intenso que justifica el esfuerzo. La imagen del autor premiado, recluido y anónimo en su taller subraya que la recompensa ocurre fuera del escenario público y que la satisfacción nace dentro del proceso mismo, no en la ceremonia que la legitima.Consecuencias para la práctica creativa
Lejos de romantizar la soledad, la reflexión señala que la disciplina y la paciencia siguen siendo la infraestructura del trabajo literario. Quien aspira a escribir debe aceptar que la visibilidad y los galardones pueden llegar, pero no reemplazan la labor diaria. Para lectores y editores, hay una invitación implícita a valorar el trabajo silencioso detrás de cada obra, reconocer la distancia entre producción y reconocimiento.Frases relacionadas
“Verás, lo interesante de los libros, a diferencia, por ejemplo, de las películas, es que siempre es una sola persona la que encuentra el libro; no es un público, sino uno a uno.”
“Es tristemente cierto que gran parte de la literatura y del arte sinceros, creados con el único fin de triunfar, engañan con éxito al público.”
“No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo”
“La pintura es poesía silenciosa, y la poesía es pintar con el regalo de la palabra”
Más frases de Jeffrey Eugenides
“Al final no importaba qué edad tuvieran, ni que fueran chicas, sino sólo que las habíamos amado, y que no nos habían oído llamar; aún no nos oyen, aquí arriba en la casa del árbol con el pelo que se nos cae y las barrigas blandas, llamándolas desde esas habitaciones donde fueron a estar solas para siempre, solas en el suicidio, que es más profundo que la muerte, y donde nunca encontraremos las piezas para recomponerlas.”
“Todos tenían una historia sobre por qué intentó suicidarse. La señora Buell decía que los padres tenían la culpa. «Esa chica no quería morir», nos dijo. «Sólo quería salir de esa casa.» La señora Scheer añadió: «quería salir de ese esquema de decoración.»”
“Una serie de transiciones: su casa, la calle, la ciudad, el país y finalmente el planeta, que no sólo los empequeñece sino que los aniquila”
“Nos dimos cuenta de que la versión del mundo que nos habían dado no era el mundo en el que realmente creían, y que, pese a su cuidado y sus quejas sobre la maleza del césped, no les importaban los céspedes”
“Nos dimos cuenta de que nuestros padres, hermanos y tíos habían estado mintiendo, y de que nadie jamás nos iba a querer por nuestras buenas notas”