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La paradoja de la vanidad y los celos
Benavente sugiere una relación inversa entre dos defectos humanos que parecen afines. El vanidoso vive absorto en su propia imagen, tan ocupado admirando sus cualidades que carece del espacio mental para envidiar lo ajeno. Los celos requieren una comparación constante con otros, una vigilancia de lo que poseen o logran. El vanidoso, en cambio, construye su universo de forma autorreferencial: compararse con otros resultaría contraproducente para su narcisismo, pues admitirían que existen rivales dignos de consideración.
La observación tiene una mordacidad característica del dramaturgo español. Revela cómo ciertos vicios pueden actuar como antídotos involuntarios contra otros. El vanidoso genuino no experimenta celos porque reconocer una amenaza equivaldría a reconocer su propia posibilidad de inferioridad, algo incompatible con su sistema de creencias. Esta paradoja ilustra cuán complejos y contradictorios somos: nuestras debilidades a veces se neutralizan mutuamente, creando extraños equilibrios psicológicos.
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“Lo que hace tan agudo el dolor de los celos, es que la vanidad no puede ayudar a soportarlo.”
“Ser celoso es el colmo del egoísmo, es el amor propio en defecto, es la irritación de una falsa vanidad.”
“Yo soy un hombre de gustos sencillos: siempre me conformo con lo mejor”
“La moda es una forma de fealdad tan intolerable que tenemos que cambiarla cada 6 meses”
Más frases de Jacinto Benavente
“Es más fácil ser genial que tener sentido común”
“Una cosa es continuar la historia y otra repetirla”
“El amor es como Don Quijote, cuando recobra el juicio es que está para morir”
“Lo peor que hacen los malos es obligarnos a dudar de los buenos”
“El que es celoso, no es nunca celoso por lo que ve; con lo que se imagina basta.”