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La paradoja del talento y la cordura
Benavente sugiere una jerarquía incómoda entre dos cualidades que solemos valorar. La genialidad brota de manera casi natural en ciertos individuos: el pensamiento divergente, la creatividad desbordante, la capacidad de ver lo que otros no ven. El sentido común, en cambio, requiere algo más esquivo: equilibrio, madurez, capacidad de discernimiento. Un genio puede ser un desastre viviente, mientras que una persona sensata y ecuánime apenas despierta admiración, aunque construya una vida funcional y contribuya al bienestar colectivo.
La observación del dramaturgo español toca un rasgo profundo de nuestra psicología cultural. Nos deslumbra la excentricidad brillante, la innovación radical, incluso cuando destroza vidas. Rara vez celebramos al que toma decisiones prudentes o evita el caos con templanza. La genialidad es espectáculo; la sensatez, silencio. Esto explica por qué las historias de científicos obsesionados o artistas autodestructivos generan fascinación, mientras que la cordura pasa desapercibida. Benavente apunta a una verdad incómoda: lo extraordinario sale más fácilmente que lo simplemente cuerdo.
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“Los hombres de genio abundan mucho más de lo que se supone. En realidad, para apreciar plenamente la obra de lo que llamamos genio hace falta poseer todo el genio que necesitó para producir la obra.”
“Recuerdo haber dicho que se necesitaba mucho talento para hacer soportable un poco de genio.”
“La retentiva es el sello de la capacidad”
“El genio convierte la excepción en regla”
Más frases de Jacinto Benavente
“Una cosa es continuar la historia y otra repetirla”
“El amor es como Don Quijote, cuando recobra el juicio es que está para morir”
“Lo peor que hacen los malos es obligarnos a dudar de los buenos”
“El que es celoso, no es nunca celoso por lo que ve; con lo que se imagina basta.”
“Si la pasión, si la locura no pasaran alguna vez por las almas… ¿Qué valdría la vida?”