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Significado
El acto de compartir alegría
Benavente propone un giro radical en la lógica del amor. Mientras la costumbre nos impulsa a validar mediante preguntas (¿estás bien?, ¿soy suficiente para ti?), el dramaturgo español sugiere algo más poderoso: irradiar nuestra propia satisfacción. Quien ama desde la abundancia, no desde la necesidad, genera un magnetismo diferente. La felicidad genuina atrae porque es contagiosa, porque demuestra que el otro enriquece nuestra existencia sin que tengamos que pedirle confirmación de ello.
Liberación del miedo
Escrito a finales del siglo XIX, cuando el Romanticismo todavía reinaba con su énfasis en la pasión turbulenta, esta reflexión cuestiona la dependencia emocional disfrazada de amor. Dejar de interrogar a quien nos ama implica renunciar al control, a esa ansiedad que busca certezas donde solo hay personas imperfectas. Expresar la propia dicha, en cambio, crea espacio para el otro sin agobiarlo con la responsabilidad de garantizar nuestra plenitud.
Una apuesta por la libertad compartida
La propuesta es simple pero exigente: construir vínculos desde la generosidad, no desde la carencia. Amamos más genuinamente cuando celebramos lo que nos da vida, sin necesidad de que el otro confirme constantemente su participación en nuestro bienestar.
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“Es más fácil ser genial que tener sentido común”
“Una cosa es continuar la historia y otra repetirla”
“El amor es como Don Quijote, cuando recobra el juicio es que está para morir”
“Lo peor que hacen los malos es obligarnos a dudar de los buenos”
“El que es celoso, no es nunca celoso por lo que ve; con lo que se imagina basta.”