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Significado
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Henry Adams, cronista de la era finisecular, condensa en una sola frase una ironía sutil sobre lo imprevisible de la vida humana. Al poner en paralelo la compañía como empresa y la compañía como vínculo matrimonial, subraya que ni los contratos ni los compromisos afectivos garantizan inmunidad ante lo fortuito. La afirmación funciona con humor frío y cierta desconfianza hacia la idea de control absoluto: tanto las estructuras públicas como los lazos privados quedan expuestos a fallos, errores y sorpresas.Implicaciones sociales y personales
La observación obliga a replantear la confianza en sistemas y en afectos; su consecuencia práctica es menos grandilocuente y más sobria: planificar no elimina la contingencia. Desde una lectura crítica puede leerse como comentario sobre la fragilidad de las instituciones o, más íntimamente, como aviso de humildad ante las relaciones humanas. En cualquier caso, promueve una actitud que combina prudencia y aceptación frente a lo inesperado.Frases relacionadas
“La felicidad en el matrimonio depende enteramente de la suerte.”
“Casarse para aumentar el amor es como jugar para hacerse rico; por desgracia, solo se pierde lo poco que se tenía antes.”
“Nadie le pregunta a un padre cómo se las arregla para compaginar el matrimonio y una carrera.”
“Su método elegido de gastar energía y estructurar el tiempo no permite escarceos vespertinos con su esposa o amante.”
Más frases de Henry Adams
“Un amigo en la vida es mucho. Dos son demasiado. Tres son imposibles.”
“Algún día la ciencia puede llegar a tener la vida del hombre en sus manos y, haciendo estallar el mundo la especie humana puede incurrir en un suicidio colectivo.”
“Un profesor trabaja para la eternidad: nadie puede decir dónde acaba su influencia.”
“El caos es la ley de la naturaleza; el orden el sueño del hombre.”
“El caos con frecuencia genera vida, cuando el orden genera hábitos.”