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Significado
Una defensa del riesgo y el movimiento
Eduardo Galeano, el escritor uruguayo conocido por su compromiso político y humanista, plantea aquí una paradoja fundamental sobre la vida. La caída no es una razón para detenerse, sino una consecuencia lógica de intentar avanzar. Quien permanece inmóvil nunca tropieza. Este razonamiento desafía la parálisis que genera el miedo al fracaso, especialmente en sociedades donde el error se penaliza severamente. La caída, lejos de ser vergüenza, se convierte en evidencia de que alguien tuvo el coraje de actuar.
Contexto político y existencial
La frase adquiere peso considerando la trayectoria de Galeano como crítico de injusticias sociales en América Latina. Escribía en contextos de represión donde la pasividad equivalía a complicidad. Para él, moverse, luchar, transformar siempre implicaba riesgos reales y tangibles. Pero la alternativa era la muerte en vida, la resignación cómoda.
Lo que perdemos en la quietud
El mensaje final es directo: el movimiento tiene valor intrínseco. El costo de caerse es menor que el costo de nunca intentar nada. Esto aplica tanto a la acción política como a cualquier proyecto personal que exija vulnerabilidad.
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“La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para que sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar.”
“La caridad es humillante porque se ejerce verticalmente y desde arriba; la solidaridad es horizontal e implica respetuo mutuo.”
“Al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos.”
“Yo escribo para quienes no pueden leerme. Los de abajo, los que esperan desde hace siglos en la cola de la historia, no saben leer o no tienen con qué.”
“El fútbol es la única religión que no tiene ateos.”