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Significado
La transitoriedad de lo humano
Cicerón apunta a una verdad fundamental sobre nuestra condición: todo aquello que construimos, desde monumentos hasta imperios, posee caducidad inherente. El tiempo actúa como una fuerza corrosiva constante que erosiona incluso nuestras obras más ambiciosas. Esta observación nace de su experiencia en la República romana, donde presenció cómo las instituciones políticas, aunque aparentemente sólidas, se tambaleaban bajo presiones históricas. La cita refleja una realidad material innegable: la piedra se quiebra, las estructuras se derrumban, el polvo cubre nuestros logros.
Pero la profundidad radica más allá de lo evidente. El pensador romano sugiere que reconocer esta fragilidad debería modular nuestra ambición y nuestro orgullo. Trabajamos bajo la sombra de la finitud, lo cual añade urgencia a nuestras acciones pero también humildad a nuestras pretensiones. Los grandes edificios y leyes que creemos duraderas son apenas capítulos temporales de una historia mucho más vasta. Esta perspectiva invita a valorar lo que hacemos no por su eternidad imposible, sino por su relevancia en el presente y su impacto en quienes viven nuestro tiempo.
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“Pensar es como vivir dos veces”
“La naturaleza ha puesto en nuestras mentes un insaciable deseo de ver la verdad”
“La ciencia que se aparta de la justicia, más que ciencia debe llamarse astucia”
“De hombres es equivocarse; de locos persistir en el error”
“No basta con alcanzar la sabiduría, es necesario saber utilizarla”