“No hay nada hecho por la mano del hombre que tarde o temprano el tiempo no destruya.”

Cicerón
Cicerón

político y escritor latino

106-43 a. C.

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Significado

La transitoriedad de lo humano

Cicerón apunta a una verdad fundamental sobre nuestra condición: todo aquello que construimos, desde monumentos hasta imperios, posee caducidad inherente. El tiempo actúa como una fuerza corrosiva constante que erosiona incluso nuestras obras más ambiciosas. Esta observación nace de su experiencia en la República romana, donde presenció cómo las instituciones políticas, aunque aparentemente sólidas, se tambaleaban bajo presiones históricas. La cita refleja una realidad material innegable: la piedra se quiebra, las estructuras se derrumban, el polvo cubre nuestros logros.

Pero la profundidad radica más allá de lo evidente. El pensador romano sugiere que reconocer esta fragilidad debería modular nuestra ambición y nuestro orgullo. Trabajamos bajo la sombra de la finitud, lo cual añade urgencia a nuestras acciones pero también humildad a nuestras pretensiones. Los grandes edificios y leyes que creemos duraderas son apenas capítulos temporales de una historia mucho más vasta. Esta perspectiva invita a valorar lo que hacemos no por su eternidad imposible, sino por su relevancia en el presente y su impacto en quienes viven nuestro tiempo.

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