“Los magistrados son ministros de las leyes, los jueces sus intérpretes y el resto de nosotros somos siervos de la ley, para que todos podamos ser libres.”

Cicerón
Cicerón

Orador, político, filósofo y escritor romano, considerado el gran maestro de la prosa latina. Cónsul que desbarató la conjuración de Catilina, escribió las «Catilinarias», «Sobre la república» y «Sobre los deberes».

106-43 a. C.

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Significado

Sobre la función de magistrados y jueces

Cicerón, desde la tradición republicana romana, plantea una jerarquía donde la ley ocupa el lugar central: los encargados de gobernar deben ejecutar las normas, los togados interpretar sus matices y la ciudadanía aceptar su sujeción a esas reglas. Esa organización busca que la autoridad no sea caprichosa; la ley actúa como límite y los encargados de aplicarla tienen la obligación de someter su poder a principios previos, no a voluntad personal. Interpretar la ley implica prudencia y fidelidad al sentido común y al bien público, no creatividad desmedida.

Consecuencias para la libertad ciudadana

La idea lleva una advertencia práctica: la libertad colectiva depende de instituciones que respeten y apliquen la ley con imparcialidad. Si los magistrados o jueces fallan, la normativa se convierte en instrumento de dominación. Por ello la frase subraya tanto la dignidad de la ley como la responsabilidad cívica: mantener mecanismos de control, transparencia y formación jurídica para que la sujeción a la ley produzca igualdad y no servidumbre encubierta.

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