“La ley no ha sido establecida por el ingenio de los hombres, ni por el mandamiento de los pueblos, sino que es algo eterno que rige el Universo con la sabiduría del imperar y del prohibir.”

Cicerón
Cicerón

político y escritor latino

106-43 a. C.

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Significado

El orden natural versus el capricho humano

Cicerón plantea una jerarquía fundamental: existe un código regulador que trasciende las decisiones políticas y legislativas de los mortales. Para el filósofo romano, las leyes positivas que gobiernan ciudades y pueblos derivan su legitimidad de un principio superior, cósmico e inmutable. Los gobiernos no inventan reglas desde la nada, sino que descubren y formalizan principios que ya operaban en la naturaleza. Esta visión refleja la filosofía estoica que influyó profundamente en su pensamiento: un universo ordenado por razón divina, donde la justicia auténtica se alinea con ese orden preexistente.

Implicaciones políticas y morales

La propuesta tiene consecuencias radicales para la legitimidad del poder. Si la ley verdadera no proviene del capricho de reyes o asambleas, entonces un gobernante que legisla arbitrariamente actúa contra la naturaleza misma. Cicerón fundamenta aquí su defensa de la república y su crítica a la tiranía: las instituciones justas no son convenciones intercambiables, sino reflejos del orden universal. Hoy, esta idea resuena en conceptos como derechos naturales e inalienables, aunque bajo nuevas formas filosóficas. La tensión persiste entre quienes ven las leyes como construcciones humanas flexibles y quienes las anclan en principios trascendentes.

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