“Es natural en toda persona equivocarse, pero sólo el necio persevera en el error.”

Cicerón
Cicerón

Orador, político, filósofo y escritor romano, considerado el gran maestro de la prosa latina. Cónsul que desbarató la conjuración de Catilina, escribió las «Catilinarias», «Sobre la república» y «Sobre los deberes».

106-43 a. C.

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Significado

Sobre la falibilidad humana

Cicerón, formado en la retórica y la ética romana, plantea que equivocarse pertenece a la condición humana: admitir un fallo implica humildad y capacidad de aprendizaje. La idea contrapone el error como acto aislado a la perseverancia en él como actitud moralmente reprochable; mientras el primero puede corregirse, la segunda revela una terquedad que destruye la posibilidad de rectificación. La palabra equivocarse aquí actúa como recordatorio de que fallar no descalifica, pero insistir en el error sí señala una falla del juicio.

Obstinación, responsabilidad y consecuencia

Dentro de la tradición latina esa distinción servía para ordenar la vida pública y privada: el gobernante o el orador que persiste en lo errado pierde autoridad y confianza. La frase sugiere una ética práctica: la verdadera virtud exige reconocer la equivocación y cambiar de rumbo. Mantenerse en lo mismo por orgullo o negligencia convierte un tropiezo en defecto permanente, con costes personales y colectivos.

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