“Así como apruebo a un joven que tiene algo del viejo en él, no estoy menos satisfecho con un anciano que tiene algo de juventud. Quien sigue esta regla puede ser viejo en el cuerpo, pero nunca en el ánimo.”
Orador, político, filósofo y escritor romano, considerado el gran maestro de la prosa latina. Cónsul que desbarató la conjuración de Catilina, escribió las «Catilinarias», «Sobre la república» y «Sobre los deberes».
106-43 a. C.
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Significado
Juventud y vejez en diálogo
Cicerón valora el intercambio entre edad y carácter: aprecia al joven que aporta la sobriedad del viejo y al anciano que conserva el impulso propio de la juventud. La enseñanza gira en torno al equilibrio entre experiencia y vivacidad; la experiencia modera los impulsos y la vivacidad evita que la reflexión se vuelva inerte. Mantener ese tono interior transforma la relación con el tiempo: uno puede envejecer físicamente sin perder la energía ni la curiosidad que animan las decisiones y los afectos.
Contexto y consecuencias prácticas
La frase aparece en su reflexión sobre la vejez, escrita desde la experiencia de un político y pensador romano que reivindica la dignidad de las etapas de la vida. Implica prácticas concretas: diálogo intergeneracional, estudio constante y actividades que estimulen la voluntad. La conclusión tácita es que la edad no determina por completo el ánimo; cultivar intereses y responsabilidades mantiene la persona activa y útil, tanto para sí como para la comunidad.
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