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Significado
El lenguaje como distintivo humano
Aristóteles creía que el universo funciona con propósito. Cada órgano, cada facultad existe por una razón. Bajo esta lógica, la palabra distingue al ser humano de otros animales no como un lujo, sino como su función característica. Mientras que el perro late, el pájaro canta y el delfín emite sonidos, solo los humanos articulamos conceptos, argumentamos y transmitimos pensamientos complejos. Para el filósofo griego, esto no era casualidad biológica: revelaba nuestra esencia.
La implicación es radical. Si la naturaleza no desperdicia recursos, entonces el lenguaje define nuestro propósito fundamental. No somos principalmente carnívoros ni corredores veloces, sino criaturas que piensan y comunican ese pensamiento. Esto sitúa la responsabilidad en nuestras manos: la palabra es tanto poder como obligación de usarla sabiamente.
Hoy esta idea resuena diferente. Sabemos que otros animales se comunican. Sin embargo, Aristóteles tocaba algo verdadero: nuestra capacidad de crear símbolos abstractos, debatir ideas y transformar el mundo mediante la discusión racional permanece prácticamente única. La pregunta persiste: ¿cumplimos con esa función o la desperdiciamos?
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“El hombre nada puede aprender sino en virtud de lo que sabe”
“Nunca se alcanza la verdad total, ni nunca se está totalmente alejado de ella”
“La riqueza consiste mucho más en el disfrute que en la posesión”
“Un amigo fiel es un alma en dos cuerpos”
“La historia cuenta lo que sucedió; la poesía lo que debía suceder”