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La paradoja de la existencia cotidiana
Ángel González capta algo que experimentamos todos: la sensación de estancamiento en la rutina. Sus palabras describen espacios donde nada parece suceder, donde los días transcurren sin eventos destacables. Pero aquí reside la tensión central del verso. Aunque afirma que "no pasa nada", simultáneamente reconoce que algo ocurre: el tiempo avanza. Esta contradicción revela una verdad incómoda sobre la vida ordinaria: la existencia no requiere espectáculo para ser real, ni necesita drama para ser significativa.
El poeta gallego cuestiona nuestra obsesión por los momentos extraordinarios. Esos espacios "donde no pasa nada" son precisamente donde vivimos la mayor parte del tiempo: en casa, en el trabajo, en las conversaciones triviales. El tiempo sigue su curso implacable, transformándonos incluso cuando creemos estar inmóviles. La implicación es profunda: ignorar la importancia de lo ordinario implica ignorar nuestra propia vida. Lo cotidiano no es vacío; es donde realmente envejecemos, cambiamos y existimos. González nos confronta con una pregunta incómoda: ¿acaso no es suficiente el paso del tiempo para que algo tenga sentido?
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“¡Como si se pudiera matar el tiempo sin insultar a la eternidad!”
“Todo lo que realmente nos pertenece es el tiempo; incluso el que no tiene nada más, lo posee”
“Me interesa el futuro porque es el sitio donde voy a pasar el resto de mi vida”
“El tiempo no es sino la corriente en la que estoy pescando”
Más frases de Ángel González
“Te llaman porvenir porque no vienes nunca.”
“y sonrío y me callo porque, en último extremo, uno tiene conciencia de la inutilidad de todas las palabras.”
“Yo sé que existo porque tú me imaginas.”
“Para vivir un año es necesario morirse muchas veces mucho.”
“Cierro los ojos para ver más hondo y siento que me apuñalan fría, justamente, con ese hierro viejo: la memoria.”