“Un argumento poderoso para esa respuesta secularizada y refundida a la mortalidad individual fue construido y ampliamente argumentado por Émile Durkheim, uno de los fundadores de la sociología moderna. Se esforzó por insertar y asentar a la "sociedad" en el lugar vaciado por Dios y la Naturaleza y, con ello, reclamar para el naciente Estado-nación el derecho a articular, pronunciar e imponer mandamientos morales y reclamar las lealtades supremas de sus súbditos; el derecho previamente reservado al Señor del Universo y a sus ungidos lugartenientes terrenales.”

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Significado

Significado y contexto

Bauman recupera la propuesta de Émile Durkheim sobre el lugar moral que ocupan las colectividades modernas. Durkheim describió cómo los viejos referentes trascendentes cedieron espacio a la sociedad como fuente de sentido y norma; la sociología emergente no solo estudió ese fenómeno, también ayudó a instalarlo conceptualmente. Ese desplazamiento permitió al Estado-nación presentarse como instancia legítima para formular mandatos éticos y reclamar lealtades que antes quedaban en manos de la divinidad o de la Naturaleza.

Implicaciones

La consecuencia es ambivalente: por un lado se obtiene una moral pública articulada, capaz de sostener solidaridad y orden laico; por otro, se abre la vía a la sacralización del poder político, que puede convertir valores civiles en exigencias uniformes y castigar la disidencia. Bauman apunta al riesgo de que la autoridad estatal herede, sin contrapesos religiosos tradicionales, el monopolio de las obligaciones suprahumanas, con efectos sobre la pluralidad, la libertad y la legitimidad democrática.

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