“Nuestra ferviente oración es que Dios conceda con gracia prosperidad, felicidad y paz a todos nuestros vecinos, y bendiciones similares a todos los pueblos y poderes de la Tierra.”

William McKinley
William McKinley

William McKinley fue el vigésimo quinto presidente de Estados Unidos, el último veterano de la Guerra Civil elegido para ese cargo y una figura destacada del Partido Republicano en la década de 1880. Como congresista promovió aranceles proteccionistas y su campaña presidencial de 1896, dirigida por Mark Hanna con novedosas técnicas publicitarias, le aseguró una clara victoria sobre William Jennings Bryan.

1843 – 1901

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Significado

Deseo de bienestar colectivo

McKinley articula una plegaria pública que fusiona fe y diplomacia: pide que la gracia divina alcance prosperidad, alegría y calma para la comunidad inmediata y, ampliando la mirada, para todos los pueblos y autoridades del planeta. Ese tono combina la intimidad religiosa con la retórica estatal, transformando una oración en declaración de intención internacional. La frase revela una aspiración inclusiva y universal, presentada como un mandato moral que trasciende fronteras.

Autoridad, esperanza y responsabilidad

El llamado tiene doble filo: puede leerse como sincero anhelo ético o como herramienta para legitimar decisiones políticas desde una postura paternalista. Invocar a Dios confiere legitimidad moral a acciones públicas, pero no sustituye medidas concretas. Para que esos deseos se conviertan en realidad se requieren políticas que promuevan equidad y reparación; sin ellas, la benevolencia verbal queda insuficiente frente a las asimetrías de poder. La propuesta alcanza sentido pleno sólo junto a la justicia.

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