“¿Qué sabemos del mundo invisible? ¡Qué razonamientos, qué curiosidad, qué recelos ha habido acerca de ese impenetrable misterio! De ese misterio, vaguedad e inmensidad surge la forma humana del Redentor Divino. Él nos asegura que hay una vida pura y eterna, y que todo lo que debemos hacer para obtenerla es confiar en Aquel que vino a revelarla y a conferirla.”

William Adams
William Adams

Explorador inglés que participó en expediciones marítimas del siglo XVI, conocido por ser uno de los primeros ingleses en llegar a Japón y por su influencia en las relaciones entre ambos países.

1564 – 1620

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Significado

De la inquietud hacia una figura salvadora

Ante lo inescrutable, la tradición religiosa convierte la curiosidad y el recelo por lo invisible en una respuesta humana: la aparición de un Redentor con rostro y promesa. William Adams sitúa su reflexión en el terreno cristiano, donde la abstracción metafísica se concreta en una persona que revela y garantiza otra forma de existencia. Ese movimiento transforma la ansiedad epistemológica en confianza relacional: ya no se busca comprender todo desde fuera, sino confiar en quien ha hecho accesible lo inaccesible.

Fe, confianza y consecuencias éticas

La afirmación central es que la salvación depende de la confianza en quien revela la vida eterna, no de especulaciones intelectuales. Esto tiene dos efectos: por un lado, alivia la angustia frente al misterio; por otro, plantea riesgos si la confianza se vuelve pasiva o dogmática. En la práctica, la propuesta exige tanto una respuesta de confianza como una vida que refleje esa confianza, desplazando la prioridad del saber absoluto hacia una relación transformadora con lo divino.

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