“¿Preguntas por qué María Magdalena fue la elegida a quien, antes que a nadie, Cristo debiera mostrarse después de la resurrección? Esto lo sabemos: ella confió en Él y lo amó; esperó junto a su sepulcro; buscó, miró, lloró; y si queremos que Cristo se nos revele, nosotros también debemos buscar, esperar, anhelar, confiar y amar.”
Explorador inglés que participó en expediciones marítimas del siglo XVI, conocido por ser uno de los primeros ingleses en llegar a Japón y por su influencia en las relaciones entre ambos países.
1564 – 1620
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Significado
El gesto de María
María Magdalena aparece como figura privilegiada porque su presencia es activa: permaneció junto al sepulcro, buscó con ojos y corazón, y dejó que el dolor la mantuviera atenta. Esa actitud convierte la experiencia en algo relacional más que en un privilegio de rango; la revelación surge por afinidad y fidelidad. En el contexto evangélico, la aparición a una mujer cuestiona expectativas sociales y recalca que la experiencia religiosa se abre primero a quien sostiene una espera vigilante y afectuosa.
Revelación como tarea cotidiana
La lección va más allá de lo sobrenatural: percibir lo trascendente exige búsqueda, vigilia, anhelo y confianza sostenida. Implica responsabilidad personal —cultivar la espera, sostener el amor, mirar con constancia— y al mismo tiempo democratiza la experiencia espiritual: no depende del estatus, sino de la disposición interior. Aplicado a la vida corriente, pide paciencia, atención y una actitud que transforme el duelo o la duda en apertura.
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“¡Ay de aquel cuyo corazón no ha aprendido mientras era joven a esperar, amar y poner su confianza en la vida!”
“De la fe, la esperanza y el amor, virtudes de la religión que se refieren a Dios, surge un doble acto que se apoya en la comunión espiritual entre Dios y nosotros: la escucha de la Palabra y la oración.”
“La fe es el amor que toma la forma de aspiración.”
“El amor todo lo vence.”
Más frases de William Adams
“¿Qué sabemos del mundo invisible? ¡Qué razonamientos, qué curiosidad, qué recelos ha habido acerca de ese impenetrable misterio! De ese misterio, vaguedad e inmensidad surge la forma humana del Redentor Divino. Él nos asegura que hay una vida pura y eterna, y que todo lo que debemos hacer para obtenerla es confiar en Aquel que vino a revelarla y a conferirla.”
“Hoy Cristo, en cierto sentido, está a juicio ante todos nosotros. En estos corazones vivos, en cada uno hoy, se pronunciará algún tipo de juicio sobre su persona sagrada.”
“La vida eterna no depende de nuestra perfección; pero, puesto que depende de la gracia de Cristo y del amor del Espíritu, ese amor nos impulsará a imitar la perfección.”
“Hay un límite para el entendimiento, y cuando se alcanza, la fe es la continuación de la razón.”
“Nuestro Señor no alaba al centurión por su amable cuidado de sus siervos, ni por su generosidad con los judíos, ni por su espíritu público, ni por su humildad, sino por su fe.”