“Creo que los soldados alemanes son buenos y decentes, y si hicieron algo mal fue por necesidad militar.”
Militar alemán que alcanzó el grado de mariscal de campo y fue uno de los principales líderes nazis durante la Segunda Guerra Mundial.
1882 – 1946
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Significado
La defensa verbal
Al presentar a los soldados como personas decentes y atribuir las faltas a las exigencias de la guerra, la afirmación funciona como una estrategia de exculpación colectiva. Busca desplazar la responsabilidad individual hacia la estructura militar y la presión del mando, normalizando actos que, fuera del contexto bélico, serían criminales. Ese movimiento retórico suaviza la percepción del perpetrador y protege la imagen del ejército como institución honorable, mientras relativiza decisiones concretas tomadas bajo órdenes.
Historia y responsabilidad
Dicha postura procede de un alto mando alemán juzgado tras la Segunda Guerra Mundial; su argumento aparece como defensa ante imputaciones de crímenes de guerra. Las implicaciones son claras: la justicia internacional rechazó que la obediencia automática anule la responsabilidad penal. Desde el punto de vista moral y político, la declaración plantea preguntas sobre la obediencia, la conciencia profesional y la facilidad con que estructuras de poder convierten actos ilícitos en “necesidades”. Mantener esa distinción es crucial para evitar la impunidad.
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“Llevo dentro de mí mismo un peso agobiante: el peso de las riquezas que no he dado a los demás.”
“La misericordia debería hacernos sentir vergüenza, ira y miedo a pecar.”
“Humildemente agrego que, más allá de los mundos de la guerra y la paz, hay un campo donde se encuentran muchas mujeres y hombres. Hagamos ese campo mucho más grande. Encontrémonos todos en ese campo.”
“La Guerra es una cosa muy seria para confiársela a los militares”
Más frases de Wilhelm Keitel
“Hitler nos dio órdenes y creímos en él. Luego se suicidó y nos dejó a nosotros para cargar con la culpa. Debería haber permanecido vivo para asumir su parte.”
“No está bien ser obediente solo cuando las cosas van bien; es mucho más difícil ser un buen soldado obediente cuando las cosas van mal y los tiempos son duros. La obediencia y la fe en tales momentos son una virtud.”
“Es trágico tener que reconocer que lo mejor que podía ofrecer como soldado —obediencia y lealtad— fue explotado para fines que no pudieron reconocerse en su momento, y que no vi que existe un límite incluso para el cumplimiento del deber por parte de un soldado. Ese es mi destino.”