“La esperanza es una virtud cristiana que consiste en despreciar todas las miserables cosas de este mundo en espera de disfrutar, en un país desconocido, deleites ignorados que los curas nos prometen a cambio de nuestro dinero.”

Voltaire
Voltaire

escritor francés

1694-1778

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Significado

Una crítica mordaz a la fe institucionalizada

Voltaire apunta aquí a una contradicción que observó en la religión de su época. La iglesia predicaba que los creyentes debían abandonar los placeres terrenales, conformarse con la pobreza y el sufrimiento presentes, a cambio de promesas inciertas sobre una vida futura. Lo irónico: los propios sacerdotes acumulaban riqueza mediante las donaciones de fieles que renunciaban a sus bienes. El filósofo francés detecta un mecanismo de control donde la esperanza se convierte en una herramienta para extraer recursos económicos de poblaciones vulnerables.

Contexto y alcance de la crítica

Esta observación refleja las preocupaciones ilustradas del siglo dieciocho respecto al poder temporal de la iglesia católica. Voltaire no rechaza la esperanza como concepto, sino cómo era instrumentalizada. Cuestiona la lógica de renunciar a lo concreto y mensurable por promesas inmateriales e imposibles de verificar. Su tono burlón enfatiza el absurdo de un sistema donde la incertidumbre misma se convierte en fortaleza: nadie puede contradecir promesas sobre "deleites ignorados" en un "país desconocido".

Pertinencia contemporánea

Más allá de la religión institucional, este análisis invita a examinar cómo la esperanza se manipula en otros contextos: promesas políticas, publicidad, o sistemas que difieren beneficios reales por ganancias futuras. Voltaire legó una pregunta incómoda: cuándo la esperanza deja de ser virtud y se convierte en mecanismo de explotación.

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