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Significado
El Cielo como resonancia de la fe terrena
San Agustín establece una conexión profunda entre la afirmación humana y la celebración divina. El "Amén" que pronunciamos en la tierra, ese acto de consentimiento y entrega ante Dios, genera una respuesta en el orden celestial. No se trata de una relación pasiva donde solo recibimos bendiciones desde arriba, sino de un diálogo donde nuestro compromiso espiritual tiene peso real. Cada acto de fe, cada rendición genuina ante lo trascendente, resuena en dimensiones que superan nuestra comprensión.
Implicaciones para la vida cotidiana
La frase sugiere que la vida espiritual no se divide en compartimentos separados. Lo que ocurre en nuestras iglesias, en nuestros momentos de oración, en nuestras decisiones morales, posee consecuencias que trascienden lo visible. El alegre "Aleluya" celestial responde a la sinceridad de nuestro "Amén" terreno. Esto confiere una dignidad extraordinaria a actos que parecen ordinarios: el compromiso personal con la verdad, la aceptación de lo que no podemos controlar, la entrega de nuestras incertidumbres.
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“La esperanza es una virtud cristiana que consiste en despreciar todas las miserables cosas de este mundo en espera de disfrutar, en un país desconocido, deleites ignorados que los curas nos prometen a cambio de nuestro dinero.”
“Que el cielo exista, aunque nuestro lugar sea el infierno.”
“La fe se refiere a cosas que no se ven, y la esperanza, a cosas que no están al alcance de la mano.”
“La fe no es creer lo que no vimos, sino creer lo que no vemos”
Más frases de San Agustín
“El mundo no fue hecho en el tiempo, sino con el tiempo”
“Creo para comprender, y comprendo para creer mejor”
“Los hombres están siempre dispuestos a curiosear y averiguar sobre las vidas ajenas, pero les da pereza conocerse a sí mismos y corregir su propia vida”
“Ama y haz lo que quieras. Si callas, callarás con amor; si gritas, gritarás con amor; si corriges, corregirás con amor, si perdonas, perdonarás con amor.”
“El que no tiene celos no está enamorado.”