“No pueden revertir la marea creciente de la reforma... El mundo se mueve.”
Victoria Woodhull fue una activista y defensora de los derechos de las mujeres en Estados Unidos, pionera en la lucha por la igualdad y figura influyente en los movimientos por los derechos civiles y políticos.
1838 – 1927
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Significado
Pulso histórico
Victoria Woodhull, figura radical del siglo XIX y pionera del sufragio femenino que llegó a postularse a la presidencia en 1872, habló desde la experiencia de una época convulsa. Su declaración alude a una fuerza social que gana impulso: cuando las demandas de igualdad, trabajo y libertades personales se multiplican, su avance deja de ser reversible. La metáfora marítima sugiere que las transformaciones colectivas obedecen a corrientes amplias y acumulativas, no a voluntades aisladas.
Reverberaciones políticas y éticas
La idea tiene doble filo práctico: advierte a quienes intentan frenar el cambio y alienta a quienes lo promueven, pero también plantea responsabilidad. Si la marea empuja, corresponde moldear ese empuje con instituciones sólidas y políticas justas para evitar daños colaterales. En términos contemporáneos, implica reconocer que la reforma progresa con ritmo propio y que la tarea pública consiste en dirigirla hacia mayor equidad, no en negarla.
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“Soy una amante libre. Tengo un derecho inalienable, constitucional y natural a amar a quien quiera, a amar por tanto tiempo o tan poco como pueda; a cambiar ese amor cada día si me place, y con ese derecho ni usted ni ley alguna que pueda promulgar tienen derecho a interferir.”
“La verdad del asunto es que es tanto asesinato destruir la vida en su condición embrionaria como destruirla después de que se alcanza la forma completamente desarrollada, pues es la misma vida la que se quita.”
“Si el Congreso se niega a escuchar y a conceder lo que las mujeres piden, solo queda un camino por seguir. No tenemos gobierno. Los hombres han organizado un gobierno y lo mantienen excluyendo por completo a las mujeres.... Queremos traición; queremos secesión, y a una escala mil veces más grandiosa que la del Sur. Estamos tramando revolución; derrocaremos esta república fraudulenta y plantaremos en su lugar un gobierno de rectitud, que no solo profesará derivar su poder del consentimiento de los gobernados sino que lo hará en la realidad.”
“Los derechos de los niños, entonces, como individuos, comienzan mientras todavía están en la vida fetal. Los niños no llegan a existir por voluntad ni consentimiento propios.”
“El mundo debe ser sacudido de esta pretensión para darse cuenta de que no existe nada más entre las naciones supuestamente ilustradas, salvo el matrimonio, que otorgue a los hombres el derecho de corromper sexualmente a las mujeres contra su voluntad, ¡y sin embargo el matrimonio se considera sinónimo de moralidad! Digo: condenación eterna, que se hunda tal moralidad.”