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El ciclo de pérdida y oportunidad
Cervantes captura una verdad fundamental sobre la vida: los finales inevitables no representan un punto terminal, sino un punto de inflexión. Cuando cerramos una puerta, liberamos espacio para que otras se abran. Esta perspectiva transforma la frustración ante lo que perdemos en curiosidad por lo que viene después. El cierre de una etapa, un trabajo, una relación o un sueño, aunque doloroso, genera las condiciones para nuevas posibilidades que antes estaban bloqueadas.
La frase tiene raíces en la experiencia del propio Cervantes: escribió mientras enfrentaba pobreza, encarcelamiento y fracasos personales. No expresa optimismo ingenuo, sino reconocimiento pragmático de cómo funciona el cambio. Cada puerta que se cierra fuerza el movimiento, impide la parálisis. Lo importante es mantener los ojos abiertos y la disposición de cruzar nuevos umbrales.
Esta idea cobra especial relevancia hoy, cuando tendemos a aferrarnos a lo conocido por miedo a lo desconocido. La lección no es que todo fracaso resulte beneficioso, sino que los cierres inevitables siempre dejan espacio para algo diferente. La vida avanza precisamente porque no podemos quedarnos indefinidamente en la misma habitación.
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