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Significado
Una paradoja antigua sobre la acción
Suetonio capturó en pocas palabras una tensión fundamental del vivir: la necesidad simultánea de prisa y paciencia. El biógrafo romano comprendía que muchas empresas fracasan por dos extremos opuestos: la precipitación ciega que comete errores irreparables, o la lentitud paralizante que nunca termina nada. La frase propone un tercer camino, donde la velocidad existe pero está templada por la reflexión cuidadosa de cada paso.
En el contexto imperial, Suetonio observaba cómo los gobernantes tomaban decisiones que afectaban millones de vidas. Los grandes logros requieren ambición y ritmo decidido, pero también el cuidado de no destruir lo que se construye. Aplicada hoy, esta máxima cuestiona nuestra obsesión contemporánea por la inmediatez. Trabajar de forma deliberada, manteniendo el movimiento sin sacrificar la calidad, sigue siendo el camino más eficaz tanto en proyectos personales como colectivos.
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“El pastor esquila las ovejas, no las devora.”
“En un estado verdaderamente libre, el pensamiento y la palabra deben ser libres.”
“Apresúrate lentamente.”
“Cuando algunos gobernadores le aconsejaron que aumentase el impuesto de las provincias, el emperador Tiberio les contestó que el deber de un buen pastor es esquilar el rebaño, no degollarlo.”
“Una zorra cambia el pelo, no el carácter.”