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Significado
La discreción como fundamento de otras virtudes
Bacon propone algo radical: la discreción no es simplemente una virtud más, sino la base que sostiene todas las demás. Un acto de generosidad puede volverse ofensivo sin tacto. La valentía, si carece de juicio, se convierte en temeridad. La compasión, mal aplicada, genera dependencia. La discreción funciona como el filtro que transforma buenas intenciones en acciones verdaderamente virtuosas, calibrando cuándo, cómo y con quién expresar nuestras virtudes.
El pensador inglés escribía en un contexto cortesano donde el lenguaje y la conducta podían resultar fatales. Sin embargo, su observación trasciende esa época. Cualquier virtud sin prudencia pierde su valor. La honestidad brutal hiere; la lealtad ciega compromete; la ambición desmedida corrompe. La discreción requiere autoconocimiento: comprender nuestras limitaciones, reconocer matices en situaciones complejas, actuar con consciencia de las consecuencias.
En la práctica cotidiana, esto significa que actuar bien exige algo más que buenas intenciones. Demanda reflexión, sensibilidad al contexto y control sobre nuestros impulsos. Sin esta capacidad de distinguir, de saber cuándo callar y cuándo hablar, cualquier virtud se convierte en potencial daño.
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“La discreción en el habla es más que la elocuencia”
“El requisito del éxito es la prontitud en las decisiones”
“El que no aplique nuevos remedios debe esperar nuevos males, porque el tiempo es el máximo innovador”
“Vengándose, uno se iguala a su enemigo; perdonándolo, se muestra superior a él”
“La verdad es hija del tiempo, no de la autoridad”