“Es curioso cuán a menudo debe romperse un corazón antes de que los años lo vuelvan prudente.”
Poetisa lírica estadounidense conocida por sus versos íntimos y musicales; nació como Sara Trevor Teasdale y, tras casarse, fue conocida como Sara Teasdale Filsinger.
1884 – 1933
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Significado
Heridas que enseñan
La frase sugiere que la repetición del dolor amoroso es lo que pule el carácter hasta hacerlo cauteloso; la experiencia actúa como maestro duro. Romperse el corazón aparece aquí como proceso acumulativo: cada decepción añade una lección práctica sobre expectativas, límites y cuidado propio. La prudencia resulta menos de una sola revelación y más de un ensayo prolongado, donde la memoria guarda mapas de qué caminos evitar.Tiempo y coste de la prudencia
Escribo esto tras reconocer la voz lírica de principios del siglo XX que mira con melancolía la vida afectiva. La maduración emocional aparece ambivalente: ganar seguridad implica disminuir la inocencia y, a veces, la capacidad de arriesgarse. La frase plantea una pregunta ética sobre el equilibrio entre protegerse y permanecer abierto; la prudencia puede ser refugio o cárcel según cuánto peso acumulen las heridas.Frases relacionadas
“Bien poco enseñó la vida a quien no le enseñó a soportar el dolor.”
“Somos sanados del sufrimiento solamente cuando lo experimentamos a fondo.”
“Es verdad que sufriendo se puede aprender muchas cosas. Lo malo es que al haber sufrido hemos perdido fuerzas para servirnos de ellas.”
“Quien sabe de dolor, todo lo sabe.”
Más frases de Sara Teasdale
“La vida no es más que pensamiento.”
“No tengo riquezas, salvo mis pensamientos; sin embargo, son la riqueza suficiente para mí.”
“La vida tiene belleza en venta: todas las cosas bellas y espléndidas: las ondas azules que blanquean un acantilado, el fuego que se eleva y canta y los rostros de los niños que miran hacia arriba, sosteniendo preguntas como una taza.”
“Cuando puedo mirar a la vida a los ojos, con calma y fría razón, la vida me ha dado la verdad y, a cambio, me ha quitado la juventud.”
“Oh, ¿quién puede decir el alcance de la alegría o establecer los límites de la belleza?”