“No nos llevamos nada a la tumba con nosotros, salvo una buena o mala conciencia... Es cierto: los terrores de la conciencia nos abaten, y, sin embargo, sin terrores de la conciencia no se pueden levantar de nuevo.”

Samuel Rutherford
Samuel Rutherford

Teólogo y ministro presbiteriano escocés, conocido por sus influyentes cartas espirituales y sus escritos sobre la autoridad eclesiástica y civil.

1600 – 1661

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Significado

Herencia interior

Rutherford, pastor y teólogo escocés del siglo XVII, sostiene que al morir no se arrastran bienes materiales sino el estado moral: una conciencia limpia o cargada. En su contexto teológico la conciencia funciona como tribunal íntimo que confirma la paz de los justos y convoca la inquietud de los culpables. Esa preocupación nace en debates sobre culpa, gracia y la certeza de la salvación; la frase encierra tanto una advertencia sobre la responsabilidad personal como una imagen de lo que permanece cuando todo lo demás desaparece.

Terror como motor

Los terrores de la conciencia, según esta visión, pueden derribar a quien los padece, pero son también el estímulo que obliga al examen y al cambio. El malestar moral no solo humilla: esclarece, expone compromisos y abre posibilidad de arrepentimiento y reparación. La implicación ética es clara: la vida moral depende menos de posesiones externas que del cuidado de ese tribunal interior, capaz de destruir o de provocar una nueva orientación hacia la rectitud.

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