Crea una imagen con esta frase
Elige un fondo:
Significado
La voz íntima que juzga
La línea pone a la conciencia como un tribunal propio: cuando se contempla un más allá, esa voz interior llega a una conclusión tajante sobre la muerte y sitúa el suicidio en un plano aún más sombrío. El matiz "sin ser influida y dejada hablar" subraya que el juicio es espontáneo y personal, no impuesto por la razón pública; por eso su sentencia se siente inapelable para quien la escucha. Hay en ello una mezcla de temor existencial y de peso moral que, para cualquier persona, convierte la idea de morir por propia mano en algo particularmente atroz.Autoría, época y efectos sociales
Robert Blair, poeta escocés del siglo XVIII, incorporó ese veredicto de la conciencia en su poema más conocido, dentro de una sensibilidad religiosa y meditativa sobre la muerte. La afirmación participa de una tradición que estigmatizó el suicidio pero también planteó preguntas sobre la culpabilidad privada y la compasión pública. Hoy sigue siendo relevante: confronta cómo equilibrar la condena moral con la comprensión del sufrimiento humano, y obliga a repensar respuestas éticas y pastorales frente a quienes padecen desesperación.Frases relacionadas
“Después de las turbulencias de la muerte, los principios morales y las pruebas, incluso las religiosas, quedan cuestionados.”
“No nos llevamos nada a la tumba con nosotros, salvo una buena o mala conciencia... Es cierto: los terrores de la conciencia nos abaten, y, sin embargo, sin terrores de la conciencia no se pueden levantar de nuevo.”
“No existe una diferencia fundamental entre la preparación para la muerte, la práctica de la muerte y la práctica espiritual que conduce a la iluminación.”
“Una consecuencia importante de liberarse del miedo a la muerte es una apertura radical a la espiritualidad de un tipo universal y no confesional.”
Más frases de Robert Blair
“La tumba, cosa temible: los hombres se estremecen cuando eres nombrada; la Naturaleza, horrorizada, sacude su acostumbrada firmeza.”
“¡Amistad! ¡misterioso cemento del alma! ¡Dulzura de la vida y soldadura de la sociedad!”
“De los goces idos, que no han de volver: ¡cuán doloroso es el recuerdo!”
“Nuestro tiempo está fijado, y todos nuestros días están contados; cuánto duren, no lo sabemos: esto sí sabemos, el deber exige que aguardemos con calma el llamado, ni atrevámonos a movernos hasta que el Cielo nos dé permiso.”
“El bien que desdeñó se marchó de mala gana, como un fantasma maltratado, sin volver; o si volvía, en visitas como las de los ángeles, breves y muy espaciadas.”