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La ingratitud cotidiana de la existencia
Sacha Guitry, dramaturgo francés del siglo XX, captura aquí un momento incómodo: la noticia de una muerte produce en él una reflexión sobre sus propias expectativas. La persona fallecida no le importaba particularmente, pero su desaparición lo obliga a confrontar una verdad desapacible. Descubre que su vida transcurría con la presencia de alguien cuya compañía le resultaba indiferente, y esto lo sorprende más que el duelo mismo.
La observación revela cierta misantropía lúcida. Guitry reconoce que coexiste con muchas personas sin apenas registrar su existencia, y que su indiferencia hacia ellas es proporcional. Cuando mueren, siente algo parecido al alivio: uno menos en el ruido del mundo. Pero el verdadero golpe no es la pérdida, sino la constatación de que nunca pidió tanto de la vida como para que esa persona siguiera en ella.
Es una reflexión sobre la superficialidad de los vínculos modernos y la modestia de nuestros deseos reales. Guitry sugiere que la mayoría de nuestros encuentros son prescindibles, incluso aquellos que consideramos cercanos. La muerte simplemente hace visible lo que ya era cierto: la soledad fundamental de cada uno.
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“Para encontrar gusto a la vida, no hay como morirse.”
“Alguien me habló todos los días de mi vida al oído, despacio, lentamente. Me dijo: ¡vive, vive, vive! Era la muerte.”
“A menudo encontramos nuestro destino por los caminos que tomamos para evitarlo”
“La experiencia es la enfermedad que ofrece el menor peligro de contagio”
Más frases de Sacha Guitry
“Si los que hablan mal de mí supieran exactamente lo que yo pienso de ellos, hablarían peor.”
“Si alguno os quiere robar la esposa, la mejor forma de vengaros de él es dejar que se la lleve.”
“Si la mujer fuera buena, Dios tendría una.”
“¡Dios mío, qué guapa estabas esta tarde cuando hablamos por teléfono!”
“El secreto de un matrimonio feliz es perdonarse mutuamente el haberse casado.”