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Significado
El equilibrio entre orden y prudencia
Descartes propone una jerarquía clara de valores cívicos. El respeto a las leyes y tradiciones locales ocupa el lugar primero, no como sumisión ciega sino como reconocimiento de que la convivencia requiere marcos compartidos. Esta postura refleja su contexto del siglo XVII, época donde la estabilidad política europea estaba frágil. Para el filósofo, la obediencia institucional representa la base sobre la cual pueden florecer otras virtudes personales.
Lo genuinamente interesante está en la segunda parte: la invitación a la moderación. Descartes sugiere que dentro del espacio permitido por la ley, cada persona debe cultivar el equilibrio, evitando los extremos. Esto revela su confianza en la razón individual, pero templada por la prudencia. No basta cumplir normas; el ciudadano debe pensar críticamente sobre sus propias acciones.
La tensión central persiste hoy: ¿cómo mantener orden social sin sofocar el criterio personal? Descartes responde con una fórmula práctica: acepta lo colectivo, perfecciona lo individual. Esta síntesis entre autoridad externa y discernimiento interno sigue siendo válida para cualquier persona que habita un sistema político.
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“Los pueblos a quienes no se hace justicia se la toman por sí mismos más tarde o más pronto.”
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“La aceptación de la opresión por parte del oprimido acaba por ser complicidad; la cobardía es un consentimiento; existe solidaridad y participación vergonzosa entre el gobierno que hace el mal y el pueblo que lo deja hacer.”
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“Daría todo lo que sé, por la mitad de lo que ignoro.”
“Dos cosas contribuyen a avanzar: ir más deprisa que los otros o ir por el buen camino.”
“Vivir sin filosofar es, propiamente, tener los ojos cerrados, sin tratar de abrirlos jamás.”