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Significado
La paradoja del deseo y la ignorancia
Ovidio sugiere una verdad incómoda sobre la naturaleza humana: nuestros anhelos dependen de lo que previamente hemos experimentado o conocido. No podemos anhelar aquello cuya existencia desconocemos por completo. Un habitante del siglo XV no podía desear internet porque carecía de cualquier referencia a esa tecnología. El deseo, entonces, emerge de la intersección entre la exposición y la imaginación, no del vacío absoluto.
Implicaciones en la vida cotidiana
Esta observación tiene consecuencias prácticas inmediatas. Los espacios en blanco de nuestro conocimiento crean también espacios en blanco en nuestras ambiciones. Quienes viven con acceso limitado a oportunidades educativas o culturales enfrentan un círculo cerrado: ignorancia genera conformidad, que refuerza la ignorancia. Inversamente, la educación y la curiosidad funcionan como herramientas para expandir el horizonte de lo deseable. Ampliar lo que sabemos es ampliar lo que podemos llegar a ser.
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“La esperanza hace que agite el naufrago sus brazos en medio de las aguas, aún cuando no vea tierra por ningún lado”
“La gota horada la roca, no por su fuerza sino por su constancia”
“Mucho amor germina en la casualidad; tened siempre dispuesto el anzuelo, y en el sitio que menos lo esperáis encontraréis pesca.”
“Apresúrate; no te fíes de las horas venideras. El que hoy no está dispuesto, menos lo estará mañana.”
“En el amor no basta atacar, hay que tomar la plaza.”