“El amor conyugal, o la amistad entre cónyuges, puede persistir incluso después de que el deseo sexual se haya debilitado, marchitado y desaparecido.”
Filósofo, educador y editor estadounidense, obtuvo un doctorado en Columbia y enseñó jurisprudencia en la Universidad de Chicago. Con Robert M. Hutchins promovió la educación liberal y editó proyectos como Great Books of the Western World y la planificación de la Encyclopædia Britannica; además escribió obras como How to Read a Book y Ten Philosophical Mistakes.
1902 – 2001
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Significado
Sobre la naturaleza del vínculo
La unión conyugal puede entenderse como una amistad que se mantiene aunque la atracción erótica vaya perdiendo fuerza. Adler sugiere que el afecto cotidiano, la confianza y los proyectos compartidos sostienen la relación cuando el impulso sexual disminuye; esas razones son prácticas y emocionales, no meras excusas. Pensar el matrimonio desde esa perspectiva desplaza la expectativa de pasión constante hacia la deliberación y el cuidado mutuo como motores del vínculo.
Consecuencias para la convivencia
Aceptar que la pasión puede menguar obliga a renegociar roles, a cultivar comunicación y a buscar formas distintas de intimidad. La propuesta cuestiona la mitología romántica que equipara amor con intensidad continua y ofrece un marco para comprender la fidelidad y la permanencia en términos más sostenibles. En lo práctico implica priorizar compañía, responsabilidad compartida y la paciencia necesaria para que la amistad siga presente.
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“Demasiados hechos suelen ser tanto un obstáculo para la comprensión como muy pocos. En cierto sentido, nosotros, los modernos, estamos inundados de hechos en detrimento de la comprensión.”
“Los hombres valoran las cosas de tres maneras: como útiles, como fuentes de placer o como cosas admirables y honorables en sí mismas.”
“Si uno desea a otra persona solo por un poco de auto‑satisfacción, por lo general en forma de placer sensual, ese deseo se convierte en lujuria en lugar de amor.”
“El amor consiste en dar sin esperar nada a cambio, en dar lo que no es exigible, lo que no se hace por obligación hacia el otro. Por eso el verdadero amor no se basa, como las asociaciones de utilidad o de placer, en un intercambio justo.”
“Es el amor, más que la lujuria o la sexualidad desenfrenada; además de la necesidad o el deseo de participar, existe también un impulso por dar placer a las personas —es decir, a seres— y no solo utilizarlas para nuestro propio placer egoísta.”