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Significado
Las palabras como máscara social
Molière, dramaturgo francés del siglo XVII, observó un fenómeno que sigue siendo vigente: cualquiera puede pronunciar discursos hermosos, hacer promesas convincentes o expresar valores elevados. Las palabras son accesibles, baratas, fáciles de manipular. Un tirano puede hablar de libertad; un corrupto puede clamar justicia. En los salones de París, como en cualquier sociedad, los individuos se cubren con un lenguaje que enmascara intenciones y deficiencias reales. El verdadero carácter, sin embargo, permanece oculto tras esta cortina verbal.
La prueba irrefutable de nuestras convicciones
Las acciones revelan lo que las palabras ocultan. Cuando alguien actúa, coloca su reputación, su comodidad, incluso su seguridad en la balanza. Una persona que defiende la honestidad pero vive robando se contradice en el acto. Otro que predica generosidad pero nunca ayuda delata su verdadera escala de valores. Molière subraya que la brecha entre lo que decimos y lo que hacemos define nuestro carácter genuino. Los actos exigen coherencia; las palabras, en cambio, pueden fluir sin consecuencia alguna. Solo mediante el comportamiento cotidiano se puede juzgar realmente a alguien.
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“El celoso ama más, pero el que no lo es ama mejor.”
“Somos fácilmente engañados por aquellos a quienes amamos.”
“Si esta es vuestra forma de amar, os ruego que me odiéis.”
“Salen errados nuestros cálculos siempre que entran en ellos el temor o la esperanza.”
“Todos los vicios, con tal de que estén de moda, pasan por virtudes.”