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La felicidad en lo cotidiano
Miguel Delibes captura aquí una paradoja del vivir: la dicha reside precisamente en aquello que pasamos por alto mientras ocurre. Las sobremesas silenciosas y las miradas compartidas sin propósito alguno revelan una verdad incómoda sobre nuestras prioridades. Buscamos constantemente metas ambiciosas, acumulamos planes, nos proyectamos hacia un futuro glorioso. Sin embargo, la felicidad genuina late en los intersticios del tiempo: en esos momentos donde nada espectacular sucede, donde simplemente dos personas están juntas.
La cita adquiere mayor profundidad en su contexto de ausencia. Solo cuando ella se marchó, el narrador pudo reconocer lo que tuvo. Esta retrospectiva duele porque expone nuestra ceguera selectiva: tendemos a valorar la presencia ajena cuando ya es pasado. Lo insignificante se vuelve precioso una vez perdido. Delibes señala que la felicidad no requiere dramatismo ni conquistas; exige únicamente presencia consciente en lo ordinario.
La implicación es incómoda pero liberadora: dejamos escapar la dicha mientras la vivimos porque la confundimos con el tedio. La verdadera riqueza de una relación, una amistad o una vida se mide en pausas, no en eventos. La pregunta inevitable emerge: ¿cuánta felicidad estamos desperdiciando hoy por no reconocerla?
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“Para escribir un buen libro no considero imprescindible haber leído el Quijote. Cervantes, cuando escribió el Quijote, aún no lo había leído”
“Para el que no tiene nada, la política es una tentación comprensible, porque es una manera de vivir con bastante facilidad.”
“Al palpar la cercanía de la muerte, vuelves los ojos a tu interior y no encuentras más que banalidad, porque los vivos, comparados con los muertos, resultamos insoportablemente banales.”
“La máquina ha venido a calentar el estómago del hombre pero ha enfriado su corazón.”
“No existe la felicidad. A lo largo de la vida hay briznas de dicha que se deshacen como pompas de jabón.”