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Significado
El hambre que ningún alimento satisface
Unamuno contrasta dos formas de carencia humana. El hambre física tiene remedio claro: comida. La envidia, en cambio, opera en un nivel más profundo, alimentándose de la comparación permanente con lo ajeno. Quien padece hambre espiritual sufre porque desea ser otro, porque siente que su existencia es inferior a la de quienes lo rodean. Este tormento carece de punto de saturación: aunque se consiga lo envidiado, siempre habrá alguien más que posea algo diferente, algo mejor.
La radicalidad de esta idea reside en que la envidia corrode desde adentro. El hambre material afecta el cuerpo; la envidia destruye la capacidad de hallar sentido en lo propio. Un hombre hambriento busca pan. Un hombre envídioso busca dejar de ser quien es. Por eso el filósofo vasco la considera especialmente perniciosa: porque ataca la aceptación de uno mismo y la dignidad personal.
Esta perspectiva subraya por qué las sociedades modernas, obsesionadas con la comparación social, enfrentan crisis de significado existencial tan profundas.
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“No hay alma, por poco noble que sea, que permanezca tan aferrada a los objetos de los sentidos que, a veces, no se aparte de ellos para desear un bien mayor.”
“En los campos ajenos, la cosecha siempre es más abundante.”
“A un alma se le mide por la amplitud de sus deseos, del mismo modo que se juzga de antemano una catedral por la altura de sus torres.”
“La agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida.”
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