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Significado
Una crítica velada a la obsesión por la deuda
León Daudí, intelectual español del siglo XIX, formula aquí una observación irónica sobre la avaricia de los acreedores. Sugiere que si estos últimos dedicaran menos energía a perseguir el dinero en vida, adoptando una perspectiva más espiritual o desapegada de los bienes materiales, los deudores gozarían de mayor paz. La cita expone cómo la codicia genera sufrimiento innecesario: mientras los acreedores acumulan y reclaman obsesivamente, sus víctimas viven bajo presión constante.
Implicaciones morales y sociales
El aforismo cuestiona las prioridades humanas mediante un contraste entre lo material y lo trascendente. Daudí propone que existe una conexión directa entre la avaricia de unos y la miseria de otros. Si los prestamistas cultivaran valores espirituales en lugar de rendirse al afán de lucro desmedido, la relación acreedor-deudor podría transformarse en algo más humano. La frase refleja una crítica social implícita: la economía del siglo XIX perpetuaba ciclos de explotación donde la búsqueda de riqueza justificaba cualquier medio.
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