“Las emociones se viven, se sienten, se reconocen, pero sólo una parte de ellas se puede expresar en palabras o conceptos. ¿Quién puede decir lo que sintió cuando vio morir a un ser querido? ¿O cuando vio nacer a su hijo?”

Laura Esquivel
Laura Esquivel

Escritora mexicana conocida por la novela Como agua para chocolate, en la que mezcla realismo mágico con lo cotidiano. Trabajó en televisión escribiendo programas infantiles, fundó el Centro de Invención Permanente y también escribió guiones para cine.

1950

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Significado

El límite del lenguaje

La idea central subraya que las emociones se viven antes que se traducen: hay una porción de lo sentido que escapa a las categorías y a las frases. Ante hechos extremos como la muerte de un ser querido o el nacimiento de un hijo, la experiencia desborda los recursos del vocabulario; las palabras pueden aproximar, describir gestos y recuerdos, pero dejan fuera matices, ruidos internos y la sincronía efímera entre cuerpo y tiempo. Hablar no agota lo sentido, solo lo modela.

Consecuencias para la experiencia y el arte

En la obra de Laura Esquivel esta tensión tiene ecos en la narrativa y en la memoria: el relato busca traducir lo inexpresable mediante imágenes, silente afecto y detalles sensoriales. La implicación ética es doble: quien escucha debe aceptar límites y quien habla debe confiar en formas no verbales —gestos, pausas, evocaciones— para comunicar. Al final, reconocer esa porción indecible es reconocer la riqueza de la experiencia humana más allá de cualquier explicación completa.

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