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Significado
Una paradoja sobre el poder
Juan Donoso Cortés, filósofo español del siglo XIX, sugiere que la historia frecuentemente desafía nuestras expectativas sobre quién posee verdadera capacidad de cambio. Mientras los poderosos confían en sus recursos materiales y políticos, son precisamente los desposeídos, los marginados y los aparentemente insignificantes quienes logran transformaciones profundas. Esta observación reconoce algo fundamental: la fragilidad de los imperios construidos solo sobre la fuerza y la riqueza.
El pensamiento conservador de Donoso Cortés se nutre de la tradición cristiana, donde Dios obra mediante lo paradójico. Los milagros bíblicos ilustran este patrón constantemente: David contra Goliat, una virgen que pare al salvador, pescadores que fundan iglesias. Esta lógica invierte la jerarquía del mundo material, mostrando que la debilidad, cuando porta certeza moral o propósito colectivo, puede ser más potente que cualquier ejército.
Las implicaciones son profundas para entender movimientos sociales, revoluciones y cambios culturales. Sugiere que subestimar a los marginados resulta en peligro para los establecidos, pero también que la resistencia genuina surge menos de la capacidad bruta que de la cohesión, fe y claridad de propósitos de quienes tienen poco que perder.
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“La conspiración machista quiso anular la mente femenina”
“En el mundo común de los hechos, los malos no son castigados y los buenos recompensados. El éxito se lo llevan los fuertes y el fracaso los débiles.”
“Es preciso preferir la soberanía de la ley a la de uno de los ciudadanos.”
“El gobierno no descansa en la fuerza, el gobierno es la fuerza; descansa en el consentimiento, o en una concepción de la justicia.”
Más frases de Juan Donoso Cortés
“Lo importante no es escuchar lo que se dice, sino averiguar lo que se piensa”
“En lo pasado está la historia del futuro”
“Hay que unirse, no para estar juntos, sino para hacer algo juntos.”
“Nada sienta tan bien en la frente del vencedor como una corona de modestia.”
“Los Estados, para la diplomacia, no son los pueblos, sino los reyes que los dirigen o los esclavizan.”