“Hay circunstancias en que una mentira es el más santo de los deberes”
Filólogo, historiador y pensador francés, conocido por sus estudios críticos sobre las religiones y por obras que cuestionaron la historicidad del cristianismo.
1823 – 1892
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Significado
La tensión entre verdad y deber
Renan, pensador del siglo XIX vinculado al estudio de la religión y la crítica histórica, plantea que en determinadas situaciones una falsedad puede desempeñar un papel moralmente preferible. La frase sugiere que mentir a veces ayuda a preservar bienes superiores: la vida, la dignidad, la fe de otros o el alivio frente al sufrimiento. Aquí la mentira se eleva de mera transgresión a gesto con carga ética; su valor depende del contexto, de la intención y de la urgencia del deber que busca cumplir.Responsabilidad y límites de una ética permisiva
Aceptar que haya mentiras justificadas obliga a fijar criterios rigurosos: intención, proporcionalidad y agotamiento de alternativas honestas. La posibilidad de justificar falsedades abre también la puerta al paternalismo y al uso indebido por parte de quienes deciden “el bien mayor”, y erosiona la confianza si se vuelve regla. Como herramienta extraordinaria puede proteger, pero usada sin límites termina socavando la misma comunidad que quería salvar.Frases relacionadas
“A los vivos les debemos respeto pero a los muertos solo les debemos la verdad.”
“Nadie puede apartarse de la verdad sin dañarse a sí mismo.”
“Las verdades de los hombres tienen que ser como piedras y los cargos que ejercen, como cántaros: pase lo que pase debe romperse el cántaro.”
“No lo hagas si no conviene. No lo digas si no es verdad.”
Más frases de Joseph Ernest Renan
“Di de vez en cuando la verdad para que te crean cuando mientes”
“El alma sin cuerpo es una quimera, puesto que nada nos ha revelado nunca ese modo de existir”
“El que obedece es casi siempre mejor que el que manda”
“El éxito oratorio o literario se debe siempre a la misma causa: la absoluta sinceridad”
“El más sencillo escolar conoce ahora verdades por las cuales Arquímedes hubiera sacrificado su vida. ¿Qué no daríamos nosotros para que nos fuese posible echar una ojeada furtiva sobre tal o cual libro que servirá para las escuelas primarias dentro de cien años?”