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Significado
La dialéctica del fuego y la quietud
La observación de José Luis Coll captura una verdad física que resuena en lo existencial. El fuego en su fase inicial es movimiento desenfrenado, chisporroteo, energía sin reposo. La ceniza, por el contrario, representa el silencio posterior, la materia que ha liberado su potencial y descansa en calma. Entre ambos estados media una transformación radical donde la intensidad cede ante la estabilidad.
Implicaciones para la vida cotidiana
Este contraste ilumina ciclos inevitables: los proyectos que consumimos con pasión eventualmente terminan; las relaciones intensas dejan memoria sedimentada; el ímpetu juvenil se convierte en sabiduría reposada. Coll sugiere que ambas fases poseen su propio valor. No se trata simplemente de lamentar la extinción de la llama, sino de reconocer que la ceniza también habla, aunque en otro idioma. La paz final no invalida el ardor previo; ambos son necesarios en la ecuación de una vida plena.
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“La arena del desierto es para el viajero fatigado lo mismo que la conversación incesante para el amante del silencio”
“El que nos encontremos tan a gusto en plena naturaleza proviene de que ésta no tiene opinión sobre nosotros.”
“Medite al atardecer, mirando las estrellas y acariciando a su perro, es un remedio infalible.”
“¿Qué hace falta para ser feliz? Un poco de cielo azul encima de nuestras cabezas, un vientecillo tibio, la paz del espíritu.”
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