“La justicia es una cosa terrible, pero necesaria.”
Escritora estadounidense de origen cuáquero, conocida por «La gran prueba» (The Friendly Persuasion), relatos sobre una familia cuáquera de Indiana durante la Guerra de Secesión que William Wyler llevó al cine.
1902 – 1984
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Significado
Paradoja moral y peso ético
Condensa la tensión entre la severidad del castigo y la necesidad de preservar un orden moral. La idea apunta a que impartir justicia implica conflictos dolorosos: medir responsabilidades, aceptar consecuencias y, a veces, infligir sufrimiento para restaurar equilibrio. Jessamyn West, novelista estadounidense con sensibilidad religiosa y social, frecuentemente puso en escena decisiones donde la moral individual choca con las exigencias colectivas; aquí la justicia aparece como una fuerza exigente, poco amable pero insustituible para la convivencia.
Consecuencias prácticas y reflexión sobre el ejercicio
Aceptar que la justicia resulta dura obliga a pedir prudencia en su administración. Hace falta responsabilidad institucional, proporcionalidad y humildad frente al riesgo de error y a la tentación de la venganza. También sugiere explorar alternativas: reparación, mitigación del daño y procedimientos que reduzcan arbitrariedades. En suma, reconoce un coste inevitable y reclama que ese coste se gestione con sentido crítico y humanidad.
Frases relacionadas
“La ciencia que se aparta de la justicia, más que ciencia debe llamarse astucia”
“Un país, una civilización se puede juzgar por la forma en que trata a sus animales”
“Puedes engañar a todo el mundo algún tiempo. Puedes engañar a algunos todo el tiempo. Pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo”
“Los buenos terminan felices; los malos, desgraciados. Eso es la ficción.”
Más frases de Jessamyn West
“Solo un tonto se negaría a entrar en el paraíso de los tontos, cuando ese es el único paraíso al que alguna vez tendrá oportunidad de entrar.”
“En sus simpatías, los niños se sienten más próximos a los animales que los adultos. Juegan con ellos, los acarician y comparten con ellos sentimientos para los cuales ninguno tiene palabras. ¿Acaso han acariciado alguna vez a un adulto con el amor que prodigan a un gato? ¿Abrazado a un mayor con el éxtasis que sienten al estrechar un cachorro?”
“En mi tiempo y vecindario (y en mi alma) había un único criterio por el cual una mujer medía su éxito: ¿la deseaba algún hombre?”
“Podemos amar a un pícaro honesto, pero ¿qué hay más ofensivo que un falso santo?”
“Hoy en día no conozco a nadie que admita haber tenido una infancia feliz. Todo el mundo parece creer que la felicidad denota falta de sensibilidad.”