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Significado
Una paradoja sobre la abundancia y la naturaleza humana
Amiel señala una asimetría fundamental: satisfacer una necesidad legítima la resuelve, pero complacer un vicio lo perpetúa. Cuando comemos, el hambre cesa. Cuando bebemos, la sed desaparece. Sin embargo, cada acto de indulgencia ante un hábito destructivo refuerza el deseo siguiente. El ciclo se vuelve más profundo, no menos. Esta observación refleja la experiencia cotidiana: la disciplina temporal sobre los impulsos produce alivio duradero, mientras que la rendición continua genera dependencia.
Implicaciones prácticas y morales
La cita expone por qué la moderación requiere esfuerzo consciente. Las necesidades responden a mecanismos biológicos simples; los vicios, en cambio, se arraigan en la psicología y la costumbre. Fumar un cigarrillo no cancela el deseo de fumar mañana; lo amplifica. Esta distinción tiene peso en decisiones cotidianas sobre consumo, trabajo y relaciones. Amiel sugiere que el bienestar no emerge de satisfacer cada impulso, sino de comprender cuáles alimentan nuestro crecimiento y cuáles nos atrapan en ciclos repetitivos.
Frases relacionadas
“Lo mucho se vuelve poco con sólo desear otro poco más”
“¿Dónde es más débil la naturaleza humana sino en una librería?”
“Beber sin tener sed y hacer el amor en cualquier época, señora, son las únicas cosas que nos distinguen de los otros animales”
“El amor es como la fiebre: nace y se extingue sin que la voluntad tome en ello la menor parte.”
Más frases de Henry F. Amiel
“Mil cosas avanzan. Novecientas noventa y nueve retroceden. Esto es el progreso”
“Mira dos veces para ver lo justo. No mires más que una vez para ver lo bello.”
“El hombre que pretende verlo todo con claridad antes de decidir nunca decide.”
“El hombre se eleva por la inteligencia, pero no es hombre más que por el corazón.”
“Dime lo que crees ser y te diré lo que no eres.”