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Significado
La dignidad frente a la necesidad artificial
Chesterton contrasta dos formas de pedir: aquella que nace de la carencia real y aquella que surge de la codicia disfrazada. Un mendigo pobre expone su vulnerabilidad sin pretensión; su apelación es directa y honesta. La publicidad, en cambio, opera diferente: convence a quien ya posee recursos para que consuma lo que no necesita. El anuncio publicitario es un acto de mendicidad económica, pero perpetrado por quien ya es rico, quien ya ganó.
El absurdo de la abundancia que demanda más
Lo que Chesterton señala es una inversión moral del orden natural. Mientras la pobreza pide porque carece, la propaganda pide porque desea expandir lo que tiene. Esta inversión resulta especialmente repugnante porque revela avaricia enmascarada de entretenimiento o información. El pobre que mendiga cumple una necesidad; el rico que mendiga mediante carteles busca transformar deseos en necesidades. Aquí radica la crítica: una sociedad que tolera con naturalidad que el poder económico manipule la consciencia colectiva ha normalizado algo fundamentalmente más inquietante que la pobreza visible en las calles.
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“Puedo creer lo imposible pero no lo improbable”
“No hay cosas sin interés. Tan sólo personas incapaces de interesarse”
“La aventura podrá ser loca, pero el aventurero ha de ser cuerdo.”
“En todo aquello que vale la pena de tener, incluso en el placer, hay un punto de dolor o de tedio que ha de ser sobrevivido para que el placer pueda revivir y resistir.”
“El optimista cree en los demás y el pesimista sólo cree en sí mismo.”