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Significado
La crítica quevediana a la medicina mercantil
Quevedo lanza aquí una acusación mordaz contra los galenos de su época. El poeta sugiere que los médicos prosperan precisamente porque sus pacientes enferman, creando un perverso incentivo económico donde la salud ajena se convierte en fuente de ingresos. La enfermedad, lejos de ser combatida eficazmente, se perpetúa como negocio rentable. La segunda parte de la sentencia añade una dimensión irónica: cuando el enfermo se queja, sus críticas recaen sobre la dolencia misma, no sobre quien lucra con ella. El médico queda exonerado de responsabilidad.
Contexto y vigencia
Escrita en el Siglo de Oro español, esta frase refleja la desconfianza renacentista hacia una profesión médica poco regulada, frecuentemente ineficaz e impulsada por el afán de ganancia. Quevedo observaba prácticas médicas dudosas que enriquecían a quienes las ejercían. Aunque los siglos han transformado la medicina moderna con avances científicos reales, la provocación quevediana sigue resonando: cuestiona si los sistemas sanitarios priorzan genuinamente la curación o si los incentivos económicos pueden distorsionar la ética profesional. La cita permanece como advertencia contra la corrupción de cualquier oficio fundado en la vulnerabilidad humana.
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