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Significado
La distinción entre templanza y sumisión
Quevedo traza una frontera tajante entre dos formas de ocupar poco espacio en el mundo. La primera, apocarse, es una elección deliberada: reducir las propias pretensiones, moderar la ambición, reconocer los límites propios. Esta actitud requiere fortaleza interior, no debilidad. Exige el poder de dominarse a uno mismo y la humildad de aceptar que no todo depende de nuestro control. Es virtud porque implica autoconocimiento.
La segunda, dejarse apocar, invierte completamente el sentido. Aquí la pequeñez no es elegida sino impuesta, aceptada sin resistencia. Quien se deja menguar por presión ajena o cobardía comete lo que Quevedo califica de vileza: traición a uno mismo. El delito radica en esta pasividad cómplice, en permitir que otros definan nuestro lugar en el mundo.
La diferencia es crucial: quien se automodera mantiene su dignidad intacta; quien cede ante la opresión la pierde. Quevedo, escritor que sufrió persecución, sabía bien que la verdadera honra reside en mantener el control sobre la propia entrega, no en la dimensión que ocupamos socialmente.
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“La verdadera grandeza, no necesita la humillación del resto.”
“Es bueno elevarse por encima del orgullo; hay que estar orgulloso de poder hacerlo.”
“La única simplicidad que vale la pena de conservar es la del corazón, la simplicidad que acepta y goza.”
“La humildad es una virtud tan práctica, que los hombres se figuran que debe ser un vicio.”
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