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Envidia y celos: dos pasiones gemelas
Diógenes Laercio identifica una distinción sutil pero crucial entre dos sentimientos que solemos confundir. La envidia surge ante la dicha ajena: vemos a alguien disfrutando de algo que codiciamos y ese goce ajeno nos duele. Los celos, en cambio, operan sobre la posesión. No se trata simplemente de desear lo que otro tiene, sino de sentir que algo que consideramos nuestro (o que deberíamos poseer) está en manos de otro.
La diferencia revela cómo experimentamos la frustración de formas distintas. En la envidia, el problema es la privación personal: "yo no tengo eso que quiero". En los celos, el problema es la competencia: "ese otro lo tiene y yo no". Esta última llevaría una carga adicional de resentimiento, porque implica una comparación más directa y personal.
Esta clasificación antigua sigue siendo útil hoy. Reconocer cuál de estos sentimientos nos domina puede aclararnos qué necesitamos realmente: si es transformar nuestras propias vidas o resolver conflictos de rivalidad que nos consumen.
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“Las mujeres feas son celosas de sus maridos. Las bonitas no tiene tiempo, ¡están siempre tan ocupadas en estar celosas de los maridos de los demás...!”
“Los celos son una mezcla explosiva de amor, odio, avaricia y orgullo.”
“La envidia es mil veces más terrible que el hambre, porque es hambre espiritual.”
“En los campos ajenos, la cosecha siempre es más abundante.”
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