“Las mujeres feas son celosas de sus maridos. Las bonitas no tiene tiempo, ¡están siempre tan ocupadas en estar celosas de los maridos de los demás...!”

Oscar Wilde
Oscar Wilde

dramaturgo y novelista irlandés

1854-1900

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La ironía de Wilde sobre vanidad y celos

Oscar Wilde utiliza el contraste físico como vehículo para criticar la vanidad femenina y la inseguridad que la acompaña. La broma funciona en dos niveles: sugiere que las mujeres menos agraciadas proyectan sus inseguridades en la desconfianza hacia sus parejas, mientras que las más atractivas canalizan esa misma inseguridad hacia afuera, vigilando a otras mujeres como potenciales rivales. Ambos extremos revelan lo mismo: un vacío emocional disfrazado de diferentes comportamientos.

El contexto victoriano refuerza la mordacidad. Wilde escribía en una sociedad donde el valor femenino se reducía al aspecto físico y el matrimonio era un contrato social. Su observación desenmascara la hipocresía: todas las mujeres, independientemente de su apariencia, comparten la misma ansiedad sobre el abandono y la competencia. No hay superioridad moral ni intelectual; solo estrategias distintas para lidiar con la inseguridad.

La cita permanece vigente porque toca algo incómodo: la tendencia humana a usar la comparación como defensa contra el miedo al rechazo. Wilde no juzga, sino que expone la lógica absurda de cualquier sistema que reduzca a las personas a su atractivo físico.

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