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Significado
El dilema del mal permitido
Daniel Defoe plantea aquí una pregunta que ha atormentado a teólogos y filósofos durante siglos: ¿por qué un Dios omnipotente tolera la existencia del mal? La interrogante parece ingenua, casi infantil, pero toca el corazón del problema teológico más desafiante. Si Dios posee poder absoluto y bondad infinita, la persistencia del diablo y la maldad humana parecería contradictoria. Defoe, escritor inglés del XVII, captura en esta frase sencilla la tensión irresoluble entre la omnipotencia divina y la libertad humana.
La respuesta tradicional apunta hacia el libre albedrío: Dios permite el mal porque ha elegido crear seres capaces de elegir entre el bien y el mal. Sin libertad genuina para fallar, la virtud carece de significado. Eliminar al diablo implicaría eliminar también la posibilidad del pecado, lo que haría imposible la verdadera moral. La pregunta de Defoe expone, sin pretenderlo, por qué algunos encuentran esta solución insatisfactoria: ¿justifica realmente el libre albedrío el sufrimiento de inocentes?
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“Todo nuestro descontento por aquello de lo que carecemos procede de nuestra falta de gratitud por lo que tenemos.”
“Cuando más grande es vuestra gloria, más cerca estáis de vuestra declinación.”
“Aprendí a considerar más el aspecto brillante de mi situación que lo que me faltaba, y este recurso, a veces, me proporcionó tan inefable consuelo, que apenas puedo expresarlo.”
“Todas las cosas buenas de este mundo no son buenas más que por el uso que hacemos de ellas; y que las disfrutamos tanto cuando nos sirven como cuando las juntamos para dárselas a otros, pero no más.”
“Allí donde Dios erige una iglesia, el demonio siempre levanta una capilla; y si vas a ver, encontrarás que en la segunda hay más fieles.”